Queridos fieles devotos de la Virgen María Auxiliadora

El próximo 23 de abril, en una Solemne Celebración, que tendrá lugar en La Villa de la Orotava, procederemos a la “CORONACIÓN CANÓNICA” de la imagen de Nuestra Señora la Virgen María Auxiliadora, que se venera en el Colegio de los Salesianos de la localidad, es una imagen que cuenta con la devoción de miles de fieles, no sólo en La Orotava, sino en otros lugares de Tenerife.

La “Coronación Canónica” es un acto que se realiza en contadas ocasiones y solamente en aquellas imágenes de la Virgen María que son objeto de una genuina y constante devoción por parte de un gran número de fieles. Podríamos decir, sencillamente, que es un acto de amor, de amor mezclado con la veneración, con el respeto y la admiración hacia la Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra. Corresponde al Obispo de la Diócesis, a petición de la comunidad local, juzgar sobre la oportunidad de coronar una imagen de la Santísima Virgen, teniendo en cuenta la devoción popular que suscita y el cultivo de una vida auténticamente cristiana que se deriva de esa devoción.

La “CORONACIÓN CANÓNICA” responde a la costumbre de los fieles de venerar a la Virgen María como Reina, costumbre alentada desde muy antiguo por la Iglesia. Con el rito de la coronación la Iglesia reafirma que “Santa María Virgen fue elevada en cuerpo y alma a la gloria celestial y que con razón es tenida e invocada como Reina, ya que es Madre del Hijo de Dios, Rey del Universo, colaboradora augusta del Redentor, discípula perfecta de Cristo y miembro supereminente de la Iglesia” (Ritual de la Coronación). Por todo ello, la Virgen María es digna de modo eminente de “la corona merecida”, “de la corona de la vida”, “de la corona de gloria” (cf. 2Tim. 4,8; Stg. 1,12; 1Pe. 5,4). Por eso la Iglesia proclama que María ya ha sido coronada por Dios y así lo expresamos en uno de los “misterios del Rosario”:«La coronación de la Virgen María como Reina y Señora de todo lo creado».

La “corona” es símbolo de realeza: María es invocada por la piedad de los cristianos como “Reina y Madre de Misericordia”. En la cabeza de la Virgen, la corona, nos recuerda que Ella es la “omnipotencia suplicante”, la que, en virtud de su íntima relación con Cristo, intercede por nosotros y nos alcanza, si lo pedimos con confianza, aquellas gracias necesarias para nuestro bien. Por ello, ante la Virgen coronada podemos exclamar con razón: “Dios te salve, Reina y Madre de misericordia. Vida, dulzura y esperanza nuestra…”.

La “corona” es la expresión de la culminación de una obra. En la Virgen María la corona nos manifiesta que, en Ella, Dios ha culminado su obra, pues es la criatura más perfecta. Afirmamos que, en Ella, Inmaculada desde su concepción, Dios ha vencido sobre el poder del pecado y de la muerte. La perfección deseada por Dios para todas las personas alcanza su realización más plena en María. La corona es también, pues, una proclamación de la perfección de la Virgen Santísima.

Asimismo, la “corona” es un premio, un galardón, una recompensa. La Virgen Santísima ha recibido de Dios una gracia singular a la cual ha correspondido con la santidad de su vida, toda ella entretejida de fidelidad en las pruebas, de esperanza en las promesas de

Dios y de caridad en el obrar. Ella se comprometió en la gozosa mañana de la Anunciación a ser la esclava del Señor, la sierva entregada, la contemplativa ardiente. Por eso, al concluir su misión recibe la corona de gloria que no se marchita.

La corona es, también, un signo de la victoria. El libro del Apocalipsis nos presenta la lucha entre el dragón y la mujer. En esa escena, la Iglesia ha visto siempre una representación del triunfo de la Virgen sobre el mal, sobre las tentaciones del maligno. Vencedora, puede decir con san Pablo: “He combatido bien el combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe, ahora me aguarda la corona merecida”.

En fin, la “corona” que, de modo visible colocamos en la cabeza de la imagen de la Virgen María Auxiliadora, es expresión del camino que ella recorrió hasta llegar a la Gloria del Cielo. A este respecto, la Constitución apostólica Munificentissimus Deusdel Papa Pío XII sobre el dogma de la Asunción de la Virgen a los cielos dice así: “Terminado el curso de su vida terrena, fue asumida en cuerpo y alma a la gloria celestial y encumbrada por el Señor como Reina universal, con el que se asimilara en forma más completa a su Hijo, Señor de los Señores y vencedor de la muerte y del pecado” (AAS 42, 1950). La Virgen coronada es una llamada a la esperanza en Cristo, que no defrauda, de fidelidad a Él y de adhesión a su mensaje.

Todas estas realidades son ya verdad en María y nosotros no podemos añadirle nada a la Virgen que no le haya concedido ya su Hijo Jesucristo. Al conceder y celebrar la Coronación Canónica, se pone de manifiesto que la devoción a la Virgen María Auxiliadora es fuente de vida cristiana, tanto por el modo como se celebran las distintas fiestas religiosas, como por haberse convertido en estímulo de apostolado y de crecimiento en la vida cristiana de sus devotos.

Por eso, más que un acto del Obispo que “coloca la corona”, la Coronación Canónica es un acto del pueblo de Dios, es la expresión visible y sensible de una realidad de fe, la fe de los fieles devotos de la Virgen María Auxiliadora que, mediante la coronación, expresan su amor y gratitud a la Virgen María y, al mismo tiempo, hacen propósito de

«ir a la ‘escuela’ de María para leer a Cristo, para penetrar sus secretos, para entender su mensaje» (San Juan Pablo II) y se muestran dispuestos a escuchar las palabras de María en relación con su hijo Jesucristo: “Haced lo que el os diga”.

La coronación de la imagen de Nuestra Señora la Virgen María Auxiliadora, es el acto de culto en el que culmina la devoción de un pueblo a la madre de Dios. De este modo, los fieles quieren profesar su fe, su amor, su vasallaje a la Virgen María en su avocación de “Auxiliadora”y, al proclamarla Reina, se comprometen a seguir su ejemplo en el cumplimiento de la palabra de Dios, en el servicio a la Iglesia y el compromiso cristiano en la vida diaria.

Por eso, el signo exterior de la “coronación de la imagen” nos lleva a una realidad espiritual que reclama de cada uno de nosotros que construyamos con nuestra vida la “corona de caridad” del amor a Dios y al prójimo. De este modo nosotros, con nuestra fe y nuestras buenas obras, seremos la verdadera corona de Nuestra Señora la Virgen María Auxiliadora, porque la corona que de verdad quiere llevar la Virgen María es la de unos hijos que, como ella, siempre y en todo hacen la voluntad de Dios.

† Bernardo Álvarez Afonso

Obispo Nivariense

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