EL DIACONO PERMANENTE

¿QUIÉN ES?

Un hombre al servicio de los hombres: «Misericordioso, diligente, procediendo conforme a la verdad del Señor, que se hizo servidor de todos». (S. Policarpo) Los candidatos al Diaconado permanente:

PUEDEN SER:

Hombres casados, mayores de 35 años, con 5 años al menos de matrimonio estable, que han dado testimonio cristiano en la educación de los hijos y la vida familiar.

Miembros pertenecientes a Institutos religiosos, o miembros de Institutos seculares, mayores de 25 años viviendo en celibato.

DEBEN POSEER:

Madurez humana y cristiana, amor a la Iglesia y espíritu de oración. Capacidad para el diálogo, sentido moral y de responsabilidad.

DISPUESTO A:

Continuar viviendo de su propio trabajo en la vida civil o religiosa e insertos en la vida común de la gente, siendo testigos cualificados de la vida cristiana.

Aceptar el Ministerio que le encomienda el obispo, o superior competente, en perfecta comunión con el mismo y con los presbíteros y en estrecha conexión con los seglares comprometidos en la Iglesia.

¿CÓMO SE FORMA?

En tres etapas:

INTRODUCTORIA:

Periodo propedéutico. Un tiempo de discernimiento en el que se reflexiona sobre el significado de su vocación diaconal. .A lo largo de este período, que será de un año de duración, los aspirantes son instruidos en la teología de la vocación cristiana y de los ministerios ordenados, especialmente acerca del diaconado (en sus vertientes espiritual y pastoral) y en la espiritualidad de los estados de vida 

DE FORMACIÓN

a)Teológica:

Como norma general, los candidatos al diaconado permanente, una vez completado el período propedéutico, realizarán como mínimo los estudios correspondientes al título de Bachiller [Grado] en Ciencias Religiosas que se imparte en los Institutos Superiores de Ciencias Religiosas. Estos estudios, de tres años, o más, de duración, les permitirán disponer de un conocimiento sistemático de las disciplinas que configuran la teología católica (cf. Normas básicas, nn. 81-82 y Anexo II)..

  1. b) Espiritual

Lo peculiar de la espiritualidad diaconal es el descubrimiento y la vivencia del amor de Cristo siervo, que vino no para ser servido, sino para servir. El candidato debe ser ayudado a adquirir aquellas actitudes que, aunque no son exclusivas, son específicas del diácono: la sencillez de corazón, la donación total y gratuita de sí mismo, el amor humilde y servicial para con los hermanos, sobre todo para con los más pobres, enfermos y necesitados, la elección de un estilo de vida de participación y de pobreza. Que María, la sierva del Señor, esté presente en este camino como modelo a imitar y sea invocada con frecuencia con espíritu filial (cf. Normas básicas, n. 72).

DE PASTORAL:

Un tiempo de inserción pastoral recibiendo los ministerios laicales de lector y acólito.

 ¿DÓNDE EJERCE?

LA MISIÓN DEL DIÁCONO PERMANENTE EN LA DIÓCESIS

Las funciones de los Diáconos vienen determinadas por la Tradición Eclesial y están recogidas por el Concilio Vaticano II (LG 29) Y por el Motu Propio «Sacrum Diaconatus Ordinem» (nn. 22 al 24). También el Código de Derecho Canónico recoge en varios cánones la normativa vigente de la Iglesia en cuanto a las funciones y misión del Diácono (cns. 757,861,943,1108, …).

De esta doctrina se desprende que los Diáconos se insertarán en la vida diocesana y en el ámbito de una pastoral orgánica y de conjunto. Así, en comunión con el Obispo y el Presbiterio, se abre para ellos una inmensa gama de posibilidades, en las cuales podrá realizarse el ministerio diaconal. Éstas encontrarán su verificación en parroquias, en quehaceres arciprestales, en comunidades cristianas sin Presbítero, en medio de un mundo secularizado. Se les podrá encomendar, entre otras, las siguientes funciones:

En el Ministerio de la Palabra.

    • Proclamar la Palabra de Dios a los fieles.
    • Instruir y exhortar al Pueblo de Dios.
    • Estar presente en el diálogo fe-cultura.
    • Colaborar en las Escuelas de Agentes de Pastoral y de formación de la Diócesis. Denunciar las situaciones inhumanas.
    • Preparar adecuadamente la homilía.

De esta manera, colabora en la evangelización, ayuda a los hombres en el camino hacia la fe y fomenta la transformación y renovación del hombre, de las estructuras y de la cultura.

En el Ministerio Litúrgico.

  • Asistir al Obispo y al Presbítero en la liturgia.
  • Administrar el Sacramento del Bautismo.
  • Conservar, cuidar y administrar la Eucaristía.
  • Asistir y bendecir a los Matrimonios.
  • Presidir el Culto y la Oración de los Fieles.
  • Presidir los funerales y sepelios.
  • Preparar los equipos de animación litúrgica.
  • Cuidar los ministerios de lector, acólito y el de ministro extraordinario de la comunión.
  • Fomentar la oración en la comunidad.

De este modo, propicia la renovación litúrgica de las comunidades cristianas y contribuye a que los fieles se reúnan, alaben al Señor, participen de la Eucaristía, reciban el Cuerpo y la Sangre del Señor y dirijan su oración a Él.

En el Ministerio de la Caridad.

  • Dirigir y colaborar en trabajos de caridad, de administración eclesial, de ayuda y promoción social.
  • Atender las necesidades de los ancianos, abandonados, presos, enfermos, emigrantes, toxicómanos, …
  • Estar atentos a las nuevas pobrezas.
  • Mantener viva y en tensión la caridad de la comunidad cristiana y su expresión: Cáritas.
  • Preocuparse por la pastoral matrimonial y familiar.

De este modo, el Diácono cumple con una función que le es propia: ofrecer un servicio amoroso, desprendido y gratuito a los pobres y necesitados, en los que descubre y sirve al mismo Cristo. Pone de manifiesto la vinculación que existe entre la mesa del Cuerpo de Cristo y la mesa de los pobres.

Guía legítimamente en nombre del Párroco o del Obispo las comunidades cristianas sin presencia permanente de Presbítero.

Juan Pablo II enseña que es una función de suplencia la que el Diácono desempeña por mandato eclesial cuando se trata de salir al paso de la escasez de sacerdotes. Pero esta suplencia, que no puede nunca convertirse en una completa sustitución, recuerda a las comunidades privadas de sacerdotes, la urgencia de orar por las vocaciones sacerdotales. (Funciones del Diácono, 13-X-93). En estas comunidades, el Diácono realiza sus funciones en comunión eclesial y dentro de una pastoral de conjunto.

Entre ellas, serían prioritarias:

  • Preocuparse por los pobres, ancianos, enfermos…
  • Ayudar a quienes no estén suficientemente evangelizados a adherirse explícitamente, por la fe, a Cristo que vive en su Iglesia.
  • Ayudar a la comunidad a que asuma su responsabilidad evangelizadora y misionera.
  • Animar los movimientos apostólicos y a los laicos cristianos presentes en la vida pública.
  • Proclamar la Palabra de Dios.
  • Convocar y presidir la oración de la comunidad cristiana.
  • Distribuir la Comunión a los que acuden al templo y a los enfermos.
  • Ayudar a todos a insertarse y participar en la vida y misión de la comunidad cristiana desde el don y carismas recibidos.
  • Responsabilizarse de la catequesis en todos los niveles y promover catequistas.
  • Responsabilizarse del archivo de la parroquia, de los libros sacramentales, de los rituales, del patrimonio histórico-cultural y de la economía.
  • Promover la oración por las vocaciones sacerdotales.

Presencia en los órganos de comunión y corresponsabilidad de la Iglesia Diocesana.

  • Será miembro del Consejo Pastoral Parroquial y de la Junta Económica de la parroquia.
  • Será miembro del Consejo Pastoral Arciprestal.
  • El Colegio de los Diáconos Permanentes de la Diócesis estará debidamente representado en el Consejo de Pastoral Diocesano.

El Concilio Vaticano II acogió los deseos de que allí donde lo pidiera el bien de los fieles, fuera restaurado el Diaconado permanente como un Orden intermediario entre los Obispos y Presbíteros y el pueblo de Dios, para que fuera intérprete de los deseos y de las necesidades cristianas, inspirador del servicio, o sea, de la «diaconía» de la Iglesia ante dichas comunidades, signo o sacramento del mismo Jesucristo, quien «no vino a ser servido, sino a servir». (LG III, 29)

 

Delegado Diocesano para el Diaconado Permanente:

Celso González Concepción

celsogonzalez@diocesisnivariense.es

 

Director para la formación de los candidatos al Diaconado

Víctor Manuel González Torres

diaconovitolo@gmail.com

 

Actualizado el 2 octubre 2024

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