En el marco de este año jubilar que estamos celebrando en la Iglesia con motivo de los 2025 años del nacimiento de Jesucristo, el Hijo de Dios, nuestro Salvador, tiene lugar la visita de la imagen de nuestra querida Madre, la Virgen de Candelaria, a la ciudad de Santa Cruz de Tenerife, después de la última, en el 2018, con ocasión de los 200 años de creación de nuestra diócesis de San Cristóbal de La Laguna.

María, candela de esperanza” es el lema escogido para esta visita. Un lema que nos invita a acoger a aquella que nos trae la luz de la esperanza, Jesucristo. En efecto, la advocación de Candelaria es un continuo recuerdo de que ella es la que, en sus brazos, nos trae al que ha venido como “luz para alumbrar a las naciones” (Lc 2, 23), como reconoció el anciano Simeón en el templo al ver entrar a José y María con el niño. El mismo Señor lo afirmó en su predicación: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Jn 8, 12). Así, frente a las tinieblas de la desesperanza, la tristeza y la muerte, Jesús se presenta como la luz de la esperanza, de la alegría y de la vida.

Acoger a la Virgen de Candelaria en esta visita es, por tanto, una invitación a recuperar la esperanza en la vida, a no dejarnos llevar por la desesperanza o el desánimo a pesar de la difícil situación que vive nuestro mundo y nuestro pueblo tinerfeño o en la que podemos encontrarnos nosotros personalmente. María nos invita a levantar la mirada hacia el futuro, a descubrir que siempre hay motivos para la esperanza porque la verdadera Esperanza, con mayúscula, es Jesucristo, su Hijo, la “esperanza que no defrauda” como afirma el apóstol Pablo (Rom 5,5).

Al respecto, el recordado Papa Francisco en la bula de convocatoria de este año jubilar decía: “La esperanza encuentra en la Madre de Dios su testimonio más alto. En ella vemos que la esperanza no es un fútil optimismo, sino un don de gracia en el realismo de la vida” (Spes non confundit, 24). Acompañemos pues la venerada imagen de Candelaria en su peregrinación hasta Santa Cruz de Tenerife y acojamos el don de la esperanza que nos ofrece Dios en nuestra vida cotidiana, en el realismo de la vida.

La Virgen de Candelaria se pone en camino para hacerse cercana a nosotros como madre acompañante en el camino de la vida, en el camino de la fe de sus hijos e hijas.  Que esta experiencia de cercanía de la imagen de la Virgen de Candelaria, en medio de su pueblo, en nuestras calles, sea para el pueblo creyente, para la Iglesia que peregrina en esta Diócesis nivariense, una ocasión para renovar nuestra devoción y afecto filial a nuestra madre. Ella nos trae la luz de la esperanza en su hijo Jesucristo, el que da plenitud a nuestra existencia, el que nos invita a estar cercanos a los que sufren, a los necesitados, a quienes están en las periferias de nuestra sociedad o se sienten solos y abandonados, descartados de nuestra sociedad.

Como afirmaba el Papa León XIV: “Encomendémonos todos a la intercesión de María Santísima. Por obra del Espíritu, ella se convirtió en la ‘Morada consagrada a Dios’. Junto a ella, también nosotros podemos experimentar la alegría de acoger al Señor y ser signo e instrumento de su amor” (Regina coeli, 25 de mayo de 2025). Junto a nuestra querida Virgen de Candelaria que viene a nuestra ciudad de Santa Cruz de Tenerife a visitarnos acojamos a su Hijo para ser signos e instrumentos del amor de Dios para con los demás, especialmente para quienes más lo necesitan.

Eloy A. Santiago Santiago
Obispo de San Cristóbal de La Laguna

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Obispado de Tenerife
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