Queridos diocesanos:

Un año más, y van 65, Manos Unidas nos invita a colaborar para luchar contra el “hambre en el mundo”. Las cifras escalofriantes: Cada día 24.000 personas mueren de hambre en el mundo. De ellas, 18.000 son niños y niñas de entre uno y cuatro años. Esta tragedia afecta especialmente a aquellos lugares que no tienen acceso a alimentos, agua potable, atención sanitaria y todos aquellos servicios básicos para llevar una vida digna.

La ONU nos da las cifras globales de cómo está repartida, el hambre y la desnutrición en el mundo: Unos 282 millones de personas viven en África, 418 millones viven en Asia y 60 millones viven en América Latina y el Caribe.

Por eso, Manos Unidas, elabora proyectos en distintos países para promover escuelas, mejorar el desarrollo agrícola, mejorar el acceso al agua potable, promover proyectos de salud y otras necesidades básicas, para superar la indigencia de tantas personas, y que cada uno pueda ser protagonista de su propia vida.

El lema elegido para la campaña de 2024 es, El efecto ser humano, pues, somos las personas –para bien o para mal- la única especie capaz de cambiar el planeta.

Para bien: Somos los seres humanos, los que tenemos que tener conciencia que “todos los bienes del mundo son de todos los hombres”, y por tanto hay que superar el desequilibrio entre ricos y pobres. Y eso está en nuestras manos.

Para mal: Con nuestro egoísmo y el derroche de los bienes -que son de todos- hacemos que tantas personas pasen hambre en el mundo. Y uno de los mayores males, que producimos los seres humanos, son las guerras y la contaminación del mundo, que está produciendo un “cambio climático” con todas sus consecuencias, especialmente en los países más pobres.

Los efectos están a la vista de todos: La escasez de agua, la desertificación, las tierras estériles, la deforestación, los huracanes, las inundaciones…, entre otros muchos fenómenos, han originado que tantas personas tengan que migrar de sus países, buscando mejores condiciones de vida. La ONU señala que hay unos 250 millones de personas afectadas por el cambio climático y esto tiene incidencia directa con el hambre en el mundo.

También, los conflictos armados, generan mucha pobreza y están ocasionado muchas muertes (especialmente de personas inocentes). Y, una de sus consecuencias más duras, es que se producen desplazamientos de la población afectada, obligando a las personas a huir de la violencia, de las agresiones y de la falta de recursos para vivir. Estas personas llegan a un país extraño y se convierten en refugiados, perdiendo sus derechos más básicos.

¿Ante esta situación que podemos hacer nosotros para que, «el efecto ser humano» sea para el bien de todos?

Manos Unidas nos propone que, el próximo día 9 de febrero, Día del Ayuno Voluntario, experimentemos cada uno lo que significa “no comer” y con lo que ahorramos, destinarlo como donativo para los proyectos de Manos Unidas. Y, también, en todas las misas del sábado 10 y domingo 11 de febrero, la colecta que se hace será para los proyectos de Manos Unidas.

También, se pueden ingresar donativos en las cuentas:

  • CAJASIETE: ES35 3076 0450 48 2103901522
  • BANCO SANTANDER: ES87 0049 5503 11 2017141054

Queridos diocesanos: Desde hace 65 años, Manos Unidas nos llama por estas fechas y durante todo el año a colaborar en sus proyectos contra “el hambre el mundo”. Todos podemos colaborar para El efecto ser humano sea para bien de todos.

Hoy todos tenemos que pensar ya en clave del planeta entero. Y, ante los interrogantes que puedan surgir sobre el futuro de nuestro planeta y nuestra sociedad, el lema viene a decirnos que el futuro depende, en no poca medida, de todos y tiene que ser, por eso mismo, compromiso de todos. No sólo de los políticos, los economistas, las personas más influyentes, sino de todos y cada uno de los ciudadanos, de todos y cada uno de nosotros. Porque todos, en efecto estamos llamados a hacer algo.

Vivimos hoy en un mundo globalizado y, está claro, que la destrucción del medio ambiente y de la naturaleza tiene consecuencias para todos. También, el aumento de las diferencias entre los países ricos y pobres, coloca a las naciones pobres en una situación de inferioridad cada vez más acentuada.

Pero otra globalización es posible: La que nos pide Manos Unidas, la que mira al mundo desde el sentido de la dignidad de todo hombre, la globalización de la solidaridad. Y entonces, lo más importante es participar todos, sentirnos todos comprometidos.

Invito y exhorto a todos mis diocesanos a participar en la llamada que Manos Unidas nos hace a trabajar por un mundo distinto del que tenemos actualmente, un mundo en el que El efecto ser humano, muestre la solidaridad entre todos y la prosperidad para todos. Con la plena confianza de que en nuestra diócesis no faltará la cooperación de los católicos y de muchas personas de buena voluntad. Es lo que deseo de todo corazón.

Con mis mejores deseos, un cordial saludo para todos.

† Bernardo Álvarez Afonso

Obispo Nivariense

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